domingo, 19 de julio de 2009

Intento D

Nada del amanecer quedaba en la habitación de Mary. Sus ojos habían llorado largas horas en la oscuridad de esa madrugada, pero nada pudo retroceder. El aire se hizo frío, la noche larga, la mentira verdad y el tiempo agua. María se desdibujaba en un torbellino de neblinas y misterios. De pronto, no estaba allí. Sólo la vacilante oscuridad, que se retiraba ya y cerraba la puerta. La luz solar se abría paso y ese no era más el cuarto de María, era del sol, del tiempo y del amanecer.

viernes, 17 de julio de 2009

Some intents

A
In a rainy street, at night, a lonely woman walked away.
The town seemed to be empty, the street lights didn't lit her way, just the road. In an attempt to suicide, the woman stopped on the middle of a bridge. The cold water was calling her name, the wind, the rain, everything seemed to be a unique element, strongly convincing her that her destiny was to end her life in that precise moment...
But, no. She continued walking away. Decided that there were no destiny at all, that you are the owner of your time and lord of your decisions.

B
Destroyed, his life suddenly hadn't got a purpose to be. Unveliebably, everything had ended with a simple word, "no". Yeah, it was the end of something, a complete chapter of dreams, of coloured illusions, now finished. Suddenly, he wasn't the same person, an idea was clearly growing on his mind. To kill or to let himself die? It was not easy at all.
But, why trying to choose one of them?...

C
En el desierto, parece más fácil darse por vencido, dejarse morir, por la simple noción de que cualquier esperanza es y puede ser ridículamente remota. En situaciones límite, lo único que nos viene a la mente es ¿Y ahora qué puedo hacer? o cuestionamientos semejantes. No me gusta para nada sentirme así, me hace débil, pequeño. Sin embargo, ¿es correcto sentirse bien sólo por considerar que existen situaciones que escapan a nuestro control? Es decir, pensar en los miles de niños que mueren de hambre en el mundo y a su vez ser plenamente feliz, por las simples deducciones lógicas de "no cambiaré nada afligiéndome por ello", "yo nunca deseé que eso pasara" o "no soy quien puede evitar eso" y semejantes, son, a mí parecer, mutilaciones del espíritu, torturas de la voluntad humana, que así como se caracteriza por bajezas perversas, también lo hace por inclinaciones a la sensibilidad. En fin, una monstruosidad, vista desde mi punto de vista.

martes, 26 de mayo de 2009

POEMS

Dark Romance

Dame lo que parece tan real,
tan poco usual, una lágrima inusual.
Que escapa de tu realidad.
No quieres aceptar;
todo esto se te viene encima
¿A dónde van los sueños rotos? ¿Dónde esta la felicidad?
Escondida, talvez, en una inútil ilusión,
Siempre puedes sonreír, de vez en cuando pensar que vale la pena vivir
y de repente se acaba el mundo en un dos por tres.
Solo estás, muy solo estás ¿a dónde ir?
Si nadie me espera…

Como la luna errante siempre dando vueltas,
la tristeza en distintos puntos de vista.
Un día quizás te encontraré.
Abrirás mi corazón no imagino cómo.
Verás todos los escombros y los pedazos de cristal.
Y en medio de todo eso,
te sentirás perfectamente
y traerás la luz dentro de mí…

Un día quizás…
Ilusión que no murió aún.
Te encontraré de forma no imaginada.
Tal vez…
llorando en la oscuridad
de infinita soledad,
como yo


Oscuro Romance

Even when sun shines
there’s black hope in my heart.
Useless hope, successful illusion;
dreaming about ending
this painful loneliness
with a word said,
a kiss given,
a life shared.

No time to loose.
No reason to be alive.
Sometimes, I forget my sorrow
and believe am happy.
Suddenly, where are you?
Do you wait for me as I do?
Did you have the same dream?
Walking together down the moon,
perfectly complete.

The stars shine and we cannot stop them
Time goes by, I still dreaming
Somewhere in the world
Somebody can understand me...

Illusion still not killed.
Moonless midnight lighting my way
faintly, dying.
My heart waiting asleep.

jueves, 14 de mayo de 2009

Lo que sigue



XII


Qué curioso sentirse así... Y pensar que había olvidado aquellas palabras de mi difunta abuela, que en paz descanse. Ella siempre me decía: En algún lugar del mundo hay una doncella que aguarda por ti. Cuando la veas sabrás que es ella, pero antes no tendrás idea de dónde hallarla. Si debes recorrer todo el mundo, ¡adelante! ¡Tu corazón recibirá la recompensa!
En un instante, me imaginé bailando con ella, suavemente, una canción tan hermosa que no se puede imaginar.
¡Es ella! ¡ES ELLA! ¡Mi dulce princesa existe y la tengo ante mis ojos! Me lo dice el corazón, ¡sin duda ella es la indicada para mí como lo soy yo para ella!


XIII

Este chico se ha quedado callado… Espero no haber dicho algo inadecuado…
-Eh… Bueno, no; en realidad vine hasta aquí para ofrecerle mi más sincera disculpa por lo que hizo mi madre, fue tan… alocado. Espero pueda perdonarnos…-
Lo de la lágrima fue preocupante, pero ahora su expresión no era tan fácil de adivinar… ¿Estaba serio o enojado?
(Incómodo silencio)
-Por favor, no se sienta mal. ¿Qué puedo hacer por usted?- mi voz se oyó casi suplicante (!)
Para mi sorpresa se quitó los lentes con una mano y con la otra tomó mi derecha.
-¿Me concede esta pieza?- propuso con franca sonrisa.
-…Con gusto.- Con tal que olvide el incidente…
Caminamos, con las palmas unidas, hacia fuera. El grupo salsero había sido sucedido por una señora con vestido rosa que cantaba boleros (que típico…)
Con sonrisa suave y movimientos seguros, me posicionó para danzar, (¡jamás podría haberlo hecho por mí misma! ¡Qué inútil soy!) y luego dijo:- Dime tu nombre, por favor.- con marcado acento español.
-Eso, no es importante, ¿no?- ¿Qué? Ha de haber sido el alcohol…
-Por favor.- repitió serenamente.
-Anahí…- Definitivamente era el alcohol, y el cansancio también hizo su parte. Recuerdo que por alguna razón me sentía perfectamente a gusto allí, balanceándome (ni bailar bien podía) en brazos de un músico desconocido. Por suerte no me faltó mi balde de agua fría.
-¡Anahí!-
-¡Alejandro! ¡Qué hacés ahí!- ¡Es verdad! ¡Yo creía que estaba bailando con él!
-¿Qué? Me mandaron a buscarte. Tus padres te esperan afuera-
Mi cerebro no funcionaba a la velocidad requerida, pero…
-Estoy muy feliz por conocerte hoy.- decía el músico -Nos volveremos a ver.-
-No creo- dije mientras Alejandro me llevaba de la mano fuera de allí.
Pero pensándolo bien esa no fue una pregunta.


XIV

Ya no recuerdo el regreso a casa. Detalles como esos no se retienen en un estado soporífero como bajo el que yo estaba. Ni la preocupación ni el recelo (características principales de mi personalidad) me cabían, sólo deseaba apoyar la cabeza en la almohada.
En esas capté unas palabras de mi papá: Es igual a vos, te dije que mejor que no le dejés tomar nada raro.
¡Un momento! ¡No puedes compararme con ella así sólo por que el alcohol me hace efecto en cantidad y tiempo similares!
Por supuesto, no lo dije. Sólo me dormí…

martes, 12 de mayo de 2009

m i c r o f i c c i ó n


La mirada se perdió por la ventana, viajó hasta el horizonte, volvió y se paró en la esquina, saltó hacia el río y subió hasta el cielo. Cansada, se embriagó en el televisor.


jueves, 16 de abril de 2009

+ FICCIÓN +

Y continúa de esta manera...


IX
Luego de esa conversación se aligeró mi alma. De alguna manera purgué la pena. Ya no pensaba tanto en el pasado como fantaseaba sobre el futuro. Una mañana llegaron los resultados de los parciales por carta. De mis seis materias, promocioné cuatro y las otras dos las regularicé. Mis ingenuos padres se pusieron taaan contentos...
-Dale, Anahí. Tu papá nos va a dejar a todos sordos.-
Otra vez el concierto de solo de Klaxon en Do Mayor ejecutado por Alfredo Regazzoni con mucho cariño, para todo el vecindario.
-¡¡A-na-hí!!- Mi mamá abofeteaba la puerta salvajemente y no tuve otra que salir.
-Bueno, vamos, apurate- dijo al mismo tiempo que contemplaba el bonito vestido celeste que no me ponía hace tanto tiempo y que finalmente, esa noche, cedió a mis esfuerzos.
Metidas en el auto, mi papá pisoteó el acelerador y partimos.
-Espero que no esté feo el tránsito. Estamos ajustados de tiempo-
-¡Ay! ¡Imaginate si los de los Ríos decidieron llegar antes! ¡Nos van a esperar mucho más!- exclamó mi mamá.
-Vos y tu imaginación son el dúo dinámico del año- respondió mi papá.
En ese momento a mí se me ocurrió preguntar cómo me veía con ese vestido, estaba muy ansiosa, pero decidí que era mejor que no se note y permanecí callada.
Cuando llegamos, ya estaba tocando la banda invitada “Los derechos de la cueva” (por favor, que imitación más barata); por supuesto, la mayoría de los comensales ya habían comenzado a comer.
Hallamos la mesa reservada desierta. “Ay, menos mal. Aprovecho para ir al tocador” y se fue mi mamá bastante agitada. Sin embargo, reconocí al señor De Los Ríos cerca de la entrada y luego vi a la familia ingresar y acercarse a nosotros. Pero algo no encajaba. Una señorita muy elegante venía al lado de Alejandro.

X
-Permítanme presentarles a nuestra sobrina, Julieta Jazmín De Los Ríos.- anunció el papá de Alejandro.
-Ella, al igual que Ale, es hija única y ambos se quieren como hermanos.- informó su madre, embelezada.
-Buenas noches, es un placer.- dijo ella y nos saludó a todos con un beso maquinal.
“Así que esta es la voz desconocida que había oído por teléfono. Es mucho más desabrida al natural.”
Luego de eso, el resto de los De Los Ríos procedió al saludo.
-¿Cómo estás?- dijo Alejandro al acercarse.
-Bien- respondí mientras él me besaba la mejilla y extendía un poco el brazo. Sentí que metía algo en el bolsillo de mi saco, pero antes que pudiera decir nada oí el suave ¡shhh!
Todos tomamos asiento. Estaba separada de Alejandro por una silla ocupada por mi madre y quedé justo frente a la insípida. Como podrán notar soy demasiado celosa. Lo sé, es demasiado exagerado si me pongo celosa de un familiar, pero en este caso mi desagrado por ella no sólo era por eso; el sólo verla me provocaba repugnancia. Creo que si ella hubiera sido mi prima no hubiera sido distinto el sentimiento.
Luego de ordenar se inició una conversación trivial acerca del trabajo; mis padres son médicos y los De Los Ríos tienen una farmacia, creo que se conocieron en la Universidad de Córdoba en el último año o algo así. Yo estaba más interesada en ver que era el papel que Alejandro me había dado. Se me ocurrió un buen plan:
-Con permiso. Voy al baño.-
-Tocador, hija, tocador.-
“Whatever” dije en voz baja mientras me retiraba.
Con la puerta cerrada, abrí el papel. Decía:

154750023
demasiadoruidoso.blogspot.com
A.D.

“¿Nada más? ¡Uf!” Busqué en mi bolso una lapicera y un trozo de papel. Escribí:

7dreams@gmail.com
pero quiero hablarte ahora
Ana

Estaba poniendo mi nombre pero por si acaso lo dejé así. ¿Cómo haré para dárselo?
Salí y fui hasta el espejo a revisar mi apariencia. Vi mi desorientada expresión y luego de un instante se me ocurrió escribirle un mensaje de texto. “¡Cómo no lo pensé antes!”
Envié el mensaje a medio camino de regreso a la mesa, presionando el botón del celular en mi bolsillo. Me senté y empecé a comer mi pollo con champiñones.
El mensaje llegó mientras engullía el pollo. La señora De Los Ríos dijo: ¡No puede ser, Ale! ¡Apagá ese celular! ¡Qué vergüenza!
Maldito restaurante de etiqueta. Alejandro obedeció a la madre, sin siquiera mirar el celular, pero después de apagarlo me vio viéndolo y me guiñó su ojo izquierdo.
No sé si se notó pero sentí calor en la cara y me agaché un momento para disimular.
Era una cena propiamente dicha. Casi nadie hablaba, y los que lo hacían se dedicaban mucho más a comentara la comida que a otro tema la comida que al diálogo. Resulta que la comida estaba exquisita.
-Este verano nos iremos a las costas- divulgó campante la señora de De Los Ríos -¿ustedes?- inquirió luego.
-Eh, pues lo hemos estado pensando y decidimos no vacacionar este año- anunció mi padre, quien ciertamente había llegado muy solo a esa conclusión. Estaba en lo correcto; justo entonces mi madre empezó a toser por haber oído la noticia mientras bebía.
-¿Estás bien Laurita?- dijo preocupada la señora De Los Ríos.
Mi madre tosió un poco más y dijo con la voz ronca y los párpados apretados
-Perfectamen… ¡Perfectamente!-
Pobre, tenía tantas ganas de ir a Mar del Plata…
Hace años que no nos vamos de vacaciones. Primero fue por el trabajo de papá. Más bien dicho por el fanatismo al trabajo de papá, pero el se jubiló el año pasado. Yo empecé la Universidad este año y él anunció que lo mejor sería ahorrar para poder costear convenientemente mis estudios. Mi madre protestó, pero él le pidió esperar hasta 2009. Y bueno… sabemos lo bien que cuesta estudiar en la UCSE.
¡Pero que va! Uno no se muere por no irse lejos en vacaciones. No obstante, pensé que sería muy lindo trabajar y ahorrar para llevar a mamá a alguna playa famosa por unas semanas, aunque para eso me faltaran años.

XI
A su tiempo, “Los derechos de la cueva” concluyeron su serenata. Ahora estaba un muchacho (demasiado “pintudo”) ejecutando tristes canciones en un saxofón. Mi mamá ya llevaba demasiado tiempo sin avergonzarme, y justo antes de que rompiera el récord, extrajo las flores del centro de mesa y plagó con ellas al pobre solista mientras gritaba: “¡¡Te queremos, “Juanpi”, te queremos!!”
¡Ay, qué mal! Varias señoras y señores elegantemente ataviados giraron sus cabezas para mostrarnos gestos grotescos y decirnos unas cuantas palabras “ordinarias”. Yo deseaba tener una bolsa de papel para desaparecer mi cara dentro de ella.
Interrumpida la música, el tal “Juanpi” o mejor, Juan Pablo, se puso de pie sacudiéndose el traje pues las flores lo habían enchastrado. Quitóse también los lentes oscuros, salpicados con la euforia de mi mamá (la cual siempre se aguza bastante con algo de alcohol)
¡El pobre! ¡No sabía donde guarecerse! En efecto, no faltamos los que escogimos la risa como primera reacción (mi caso: yo no tenía dónde esconderme; tuve que reírme).
Tampoco los que la escogieron inmediatamente después; hasta los que nos miraron mal se reían en ese momento.
Aún colgaban algunos desechos de flor de su instrumento cuando musitó: “Disculpadme” y desapareció de escena a la velocidad de la vergüenza.
Me sentía terrible… era extraño eso, ¡me reía de la desesperación!
Mi madre ya estaba sentada, sonriendo con los ojos cerrados. En realidad estaba por dormirse, es el síntoma habitual luego del ataque de euforia, que generalmente no la ataca a ella…
El padre de Alejandro incluso daba puñetazos en la mesa. Mi papá, riéndose también, intentaba despabilar a mamá. Y sí, ya era hora de irse (alrededor de 1:30 a.m.) o al otro día llegaríamos tarde a misa, aunque pensándolo bien, eso siempre terminaba ocurriendo…
-Mi amor, despertate. Dale, nos vamos a casa-
-zzzzz-
La hilaridad mermó lentamente, Alejandro tomaba gaseosa luego de una estridente carcajada. La única cara que ni se crispó fue la de “JJ De Los Ríos”. *

Luego del “bache” el Anunciador anunció que Juan Pablo Molina, el saxofonista español que justo estaba debutando en este país, no volvería al escenario, pero “qué noche nos espera, señoras y señores. Por supuesto, hay más números esperando. Por ejemplo: ¡¡¡A darle sabor!!!” y varios bailarines tropicalmente vestidos invadieron el escenario, prestos a sacudir salvajemente sus cuerpos.
Sólo podía pensar en lo mal que lo había pasado el pobre músico. No sabía si era muy famoso del otro lado del océano, pero definitivamente en ningún debut puede tolerarse la idea de pasar semejante papelón.
La gente se preparaba para marcharse (me refiero a “la gente” de mi mesa)
Pobre… es completamente inocente, no merecía esto.
-¿En qué pensás?- Era Alejandro.
-No, sólo que me siento mal por el chico músico. Creo que le hicimos pasar un muy mal rato. Arruinamos su show-
-No exageres tanto. No creo que se enoje mucho por eso-
-No, pero lo mismo no estuvo bien. Además quizás no esté enojado pero sí triste o desilusionado-
-¿Por qué no lo buscas y le pedís disculpas?-
-¡Pero mi madre es la causante, no yo!- Podía verla abandonar el sitio ayudada por mi padre, aún sonriendo, victoriosa.
-Aún así te ayudaría a sentirte mejor el encontrarlo y disculparte por ella ¿o no?-
Resolví intentar su idea, yo no tenía otra mejor.
-Decile a mi papá que me espere, por favor. ¡No! Si quiere que vaya, yo me tomo un remis; eso decile.-
-Con mucho gusto señorita- exclamó con una leve inclinación.
¿Ah? ¿Se burlaba de mí? Quise preguntarle por que me había dicho eso con acento tan acentuado de chupamedias, pero se alejó al instante.
Yo avancé al escenario dispuesta a encontrar a la víctima.
Un patovica intentó detenerme (por suerte sólo con palabras) pero llegué hasta el anunciador, al cual le expliqué mi necesidad, y me dijo dónde estaba Juan Pablo.
Allí detrás, en un rincón del cuarto de cocina estaba solo, como un estorbo, bebiendo de una oscura copa. Silencioso. Derrotado.
-¿Podré hablarle?- dije para mí misma.
-No lo sé. Ni ha dicho ni se ha movido nada en todo el rato. Parece un muerto.-
La voz era de una cocinera con ambas manos en una masa.
Caminé despacio y muy segura de lo que hacía dije:- Señor Molina.-
-¿Señorita?- me dio la cara, claramente triste a pesar de las gafas negras.
-Es… la primera vez que escucho su música… pero… ¿podría concederme un autógrafo?- la seguridad me había abandonado descaradamente.
A su tiempo, rodó una lágrima.

miércoles, 25 de marzo de 2009

OFERTA 3 EN 1

Aquí va. Espero algún comentario, crítica, queja, llanto, chiste, etc.


VI

Luego de varias noches, volví sobre este asunto de quién soy, pero reflexionando en mi ahora.
Si antes mi vida no hallaba un sentido aparente, ¿lo tenía ahora?
Bueno al menos yo sabía que ahora no me daba lo mismo que me fulmine alguna bala perdida. No señor, tenía que ver a Alejandro por lo menos una vez más.
Sí, esto podía compararse con una meta o propósito, pero ante todo para mí representaba un problema, un complejo.
Sí, esta indiferencia ante la muerte ha sido desde hace un tiempo una especie de indicador de equilibrio en mi vida. Y yo no puedo estar tranquila si algo obstaculiza este equilibrio. Asuntos inconclusos, cuentas no saldadas, casos sin cerrar, perturban mi existencia.
Todo eso debe terminar.


VII


Con tanta lectura, estudio y parciales se me volaron un par de meses más. Pensaba en Alejandro como una deuda de vida, algo que no me dejaría en paz ni aun en el otro mundo. Pero más de una razón me impedía resolver este conflicto; estaba atada a un giro del destino.
Sin darme cuenta, una noche (bien profunda) tomé el directorio privado de mis padres y busqué el maldito apellido. Digo "sin darme cuenta" no sólo para justificarme, sino también por lo inconsciente del acto: en ningún momento preví las consecuencias. ¡Ja! ¡Si hasta disqué en ese mismo momento!
Sonó cuatro veces y nada. Mi organismo aceleraba sus procesos (respiratorio, cardiovascular, nervioso) y nadie contestaba mi súplica.
Corté, y en shock apreté el botón de REDIAL.
Sentía el vacío, lo palpaba, sentada en la oscuridad de mi alma, con los ojos sudorosos y las plantas de los pies dobladas.
-¿Hola?- Sentí mi corazón detenerse. -¡Hola!-
Podía ser él o el padre, ya no importaba.
El silencio cortó la voz. Yo corté el llamado.


VIII

Mi madre me ama. Mi madre me preguntó por qué tanta angustia y la mandé al carajo contestándole que era plenamente feliz. Mi madre me recomendó salir y descansar en la hierba del patio. Mi madre no tiene idea.
Desde la pasividad, las nubes parecían rápidas. Me sentí muy idiota al recordar un dibujo animado en el que un niño viajaba sentado en una nube, hasta que aprendió a volar por sí mismo. Suspiré y cerré los ojos para imaginar que volaba.
Luego me abordó la siguiente indignación: "¡Qué cosa! Yo acá sufriendo y el otro ¿qué habrá hecho con mi fotografía?"
Dejé que los días pasaran un poco, pero la tregua no duró mucho. En vista del crecimiento de mi ansiedad decidí volver a arriesgarme.
Mientras mis padres dormían su habitual siesta, empuñé el tubo y violé el directorio privado por segunda vez.
"De Los Ríos... ¡ahá!"
Tembloroso, mi índice marcó uno por uno los dígitos. Esperé el tono...
-¿Hola?- Era una voz femenina.
-Hola, buenas tardes. ¿Se encuentra Alejandro?-
-Sí. ¿De parte?-
-Anahí, una amiga-
-Momento por favor.-
Esa voz tan fría y poco chillona no podía ser la madre de Alejandro... Alejandro, maldita palabra...
-¡Hola!-
-¡¡Hola!!-
-¿Anahí?-
-Sí. ¿Alejandro?-
-No. Digo, sí.-
¡Cuanta estupidez, por Dios Santo! ¡Reíamos como un par de hienas en la sabana!
-Ah, bueno… yo… no más quería saludarte.-
-Gracias. Y a las tres de la mañana… ¿que se te ofrecía con tanta urgencia?-